Durante sus primeros treinta años, el cine fue un lugar ruidoso. En las barracas de feria y en los teatros de variedades había un pianista, un explicador que iba contando en voz alta lo que pasaba en la pantalla y un público que entraba, salía, comía y comentaba la jugada. Nadie se escandalizaba. La sala oscura y muda que hoy damos por natural llegó más tarde, cuando las películas empezaron a hablar y el sonido grabado exigió que calláramos todos los demás. Es decir: el silencio del público no es una ley del cine. Es una norma de uso que tiene menos de cien años.
Y como toda norma, se puede revisar.
¿Qué es una sesión relajada?
Una sesión relajada es una proyección donde lo único que no cambia es la película. Cambia todo lo que la rodea: el volumen es más bajo, la luz de sala queda tenue en lugar de apagada y la entrada y la salida son libres en todo momento. Se puede hacer algo de ruido. Se puede salir a respirar al vestíbulo y volver a entrar tres minutos después sin que pase nada.
Hay mucha gente para quien el contrato habitual de la sala es una barrera de entrada real: personas autistas, personas con discapacidad intelectual, personas que viven con demencia, personas con hipersensibilidad sensorial, familias con niños pequeños, o simplemente quien ese día necesita ver una película de otra manera. Las sesiones relajadas existen para que el cine les llegue sin pedirles nada a cambio.
Forman parte de CineCiutat Comunitats, el programa con el que trabajamos para que la sala sea un lugar de encuentro y no solo una fila de butacas a oscuras.
La primera película de esta nueva línea es Forastera, de Lucía Aleñar Iglesias.
Información práctica
Martes 22 de septiembre, a las 11.00 h, en CineCiutat (C/ Emperadriu Eugènia, 6, Palma).
Entradas aquí: https://www.reservaentradas.com/entrada/palma-de-mallorca/cineciutat/forastera/53023/
Las sesiones relajadas forman parte del proyecto Descobrint Cinema y cuentan con el apoyo del Consell de Mallorca y la colaboración de PalmaCultura e Imprenta Bahía.